El distrito de Brooklyn, en Nueva York, existe a la vez como realidad geográfica y como paradigma cultural de reconocimiento mundial. Originalmente una ciudad autónoma y hoy el más poblado de los cinco distritos de la ciudad de Nueva York, Brooklyn se define por una dialéctica continua entre sus orígenes históricos y su incesante impulso de reinvención posindustrial. Como nexo de inmigración, innovación artística y revitalización urbana, el distrito constituye un laboratorio de primer orden para comprender la sociología espacial moderna. El lema oficial del distrito, "Eendraght Maeckt Maght", frase en neerlandés antiguo que significa "La unión hace la fuerza", refleja una aspiración histórica que la realidad de la fricción demográfica, la gentrificación y la disparidad económica pone constantemente a prueba.1
Desde la preservación arquitectónica de Brooklyn Heights hasta los paisajes sonoros del hip-hop en Bedford-Stuyvesant, y desde el legado del abolicionismo del siglo XIX hasta la economía verde del siglo XXI que echa raíces en el Brooklyn Navy Yard, la identidad cultural de Brooklyn está indisolublemente ligada a su espacio físico. El análisis que se presenta aquí ofrece un examen exhaustivo del patrimonio cultural de Brooklyn, su evolución demográfica, sus tradiciones literarias y musicales, su historia arquitectónica y las profundas tensiones sociológicas que rodean la mercantilización de la autenticidad urbana.
